esto no es una pipa, sera un cerebro?

A MI HIJO LE DUELE LA CABEZA. ¿QUÉ HAGO?

El dolor de cabeza (cefalea) es uno de los síntomas neurológicos más frecuentes en pediatría. Se estima que más del 90% de los niños en edad escolar han tenido cefalea en alguna ocasión. Sin embargo y a pesar de su frecuencia, siguen existiendo grandes mitos a su alrededor que generan ansiedad y preocupación en los padres de los niños que la sufren y la mantienen como uno de los motivos más frecuentes de derivación a las consultas de neuropediatría desde los servicios de atención primaria.
En los últimos años hemos experimentado un incremento de su incidencia paralelo al desarrollo social, el aumento de situaciones estresantes desde edades tempranas, y probablemente a una menor tolerancia a la frustración y aceptación de situaciones dolorosas o incómodas con las que convivimos en la vida diaria.
Aunque el dolor de cabeza puede ser un síntoma secundario a algún proceso “maligno” intracraneal, es importante dejar claro que la mayoría de las cefaleas en la infancia son primarias, es decir, no se asocian a ninguna “lesión cerebral”. La migraña, la cefalea tensional y los dolores de cabeza relacionados con procesos infecciosos banales (por ejemplo, un catarro de via alta), son sus causas más frecuentes.
Por ello, en la mayoría de los ocasiones basta con una historia clínica y una exploración física y neurológica completa para “descartar” procesos cerebrales subyacentes que justifiquen la sintomatología. Las pruebas complementarias como la Resonancia magnética (RM) o tomografía craneal (TAC) se reservarán para los casos en los que la sintomatología o la exploración nos sugiera alguna causa orgánica y para casos dudosos.
Aunque frecuentemente los padres valoran poco la rentabilidad de la historia y exploración neurológica y demandan con frecuencia la realización de alguna prueba, es poco probable que éstas aporten algo si no hay ningún signo de alarma. Por tanto, a pesar de la presión familiar, debemos preservar la seguridad del niño y evitar la realización de pruebas que puedan “perjudicar” al menor. Por ejemplo, exponerle innecesariamente a la radiación que supone un TAC craneal o a una anestesia general para realizar una RM.
Entonces, ¿cual es la actitud a seguir?
Es importante tranquilizar a las familias y formarles en la identificación de los “signos de alarma” y el manejo habitual de la cefalea.
1.- “Signos de alarma”: el dolor de cabeza es un síntoma muy frecuente en la infancia y casi con total seguridad nuestros hijos lo referirán en algún momento de sus vidas. Debemos conocer aquellos signos y síntomas de alarma que determinan la necesidad de consultar con el especialista o incluso en los servicios de urgencias.
En la Figura 1 clasifican por colores según el nivel de prioridad de valoración.

Figura 1. Signos de alarma de cefalea.

Aquellos que aparecen en el “semáforo rojo” , son los que más nos deben preocupar. Requieren valoración preferente y generalmente van a necesitar pruebas de neuroimagen. En “amarillo” se clasifican aquellos signos de alarma que probablemente van a necesitar los mismos estudios que los rojos, pero pueden ser valorados probablemente en consulta. Por último, en “verde” están la cefaleas de bajo riesgo que pueden esperar para ser valoradas.

2.- Manejo habitual de la cefalea:

  • Calendario de cefaleas: es importante llevar un registro completo de las características del dolor de cabeza. Cuando aparece, con qué se relaciona, donde duele, como duele, cuanto tiempo dura, de qué síntomas se acompaña, con qué cede…etc. Aporta información relevante a médico para la orientación diagnóstico-terapéutica. Además permite a los padres var la frecuencia real y en ocasiones asociarlo claramente a algún factor desencadenante (presión escolar, falta de sueño, algún alimento, abuso de nuevas tecnologías…etc), lo cual suele tranquilizarles bastante.
  • Factores desencadenantes: aunque estos no siempre son identificados, los más frecuentes son:
    – Alteración del ritmo de sueño o comidas.
    – Exposición prolongada al sol.
    – Algunos alimentos: chocolate, cacao, quesos, plátano, vainilla….(solo en un 20% de casos).
    – Agentes vasodilatadores: nitratos (aditivo en carnes curadas), glutamato monosódico (aditivo de comidas chinas).
    – Tensión nerviosa.
    – Sustancias de abuso como el Tabaco, alcohol…
    – Menstruación
    – Ejercicio físico intenso (actividad deportiva, fundamentalmente de competición)
    – En la cefalea tensional descartar situaciones estresantes como autoexigencia, pero sobre todo “Bullying”.
  • Tratamiento:
  1. Medidas generales: recomendar un ritmo de vida saludable, que incluya buenos hábitos alimentarios y de sueño, la realización de ejercicio físico (al menos 60 minutos al día) y un aporte suficiente de líquidos, a ser posible agua (ni refrescos ni bebidas con altos niveles de cafeína).
  2. Analgésicos: deberán tomarse los analgésicos pautados por su médico. No vamos ha hablar de todas las opciones disponibles puesto que daría para otro texto independiente. Sin embargo, si que debemos tener claros algunos puntos. La administración del fármaco debe ser lo más precoz posible y a dosis eficaces (generalmente mayor que para bajar la fiebre). Debemos fomentar la autonomía del niño educándolo en el automanejo de su cefalea y promoviendo si precisa, la utilización de sus fármacos en el colegio, pero evitar su uso indiscriminado, sobre todo en aquellos dolores de cabeza que por los síntomas o el calendario (perfil de la cefalea, factores desencadenantes…etc) parecen tensionales. En este ultimo caso, el abuso de analgésicos, sobre todo antiinflamatorios, pueden cronificar la cefalea.

Para concluir tenemos que decir que a pesar de todo, la realidad es que se siguen derivando con frecuencia al especialista cefaleas banales, y que el especialista sigue solicitando muchas pruebas innecesarias. Esto es debido probablemente, a la presión asistencias a la que estamos sometidos y como parte de la medicina defensiva a que nos ha llevado la situación actual.
Como en todas las patologías, son necesarias campañas de formación y sobre todo de prevención. Un cambio en el estilo de vida, cumpliendo con las recomendaciones descritas en las medidas generales de tratamiento, evitarían en muchas ocasiones la aparición de dolores de cabeza en nuestros hijos.

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