BULLYING Y CIBERACOSO: SIGNOS DE ALARMA Y PREVENCIÓN

Definimos el fenómeno de acoso escolar o bullying como una forma de conducta agresiva, intencionada, perjudicial y persistente, guiada por un individuo o un grupo en edad escolar, dirigida contra otro individuo también en edad escolar que no es capaz de defenderse a sí mismo ante esa situación.
En los últimos años ha crecido la preocupación en torno a esta lacra social que alcanza cifras que rondan el 25% en nuestro Pais, y que genera un impacto considerable sobre la salud física y mental de nuestros hijos, en ocasiones con desenlaces fatales.
Hasta hace relativamente poco el acoso escolar se limitaba al entorno escolar o familiar, y aunque posiblemente era igual de frecuente, sus consecuencias se limitaban a pequeños problemas funcionales de salud (dolor abdominal, cefalea…etc) o dificultades académicas. Sin embargo, en la actualidad debe ser considerado un problema de salud pública de primer orden.

Con el desarrollo de las nuevas tecnología de información y comunicación ( TICs) han aparecido nuevas formas de acoso virtual que pueden tener importantes consecuencias sobre la salud físisca y mental de la víctima:

1. Salud mental: depresión, ansiedad, trastornos alimentarios e incluso un aumento de ideas suicidas)

2. La salud física: problemas de sueño, dificultades en el aprendizaje y fracaso escolar…etc

Estas problemas condicionan de manera definitiva la vida de las víctimas y en ocasiones tienen un desenlace fatal.

En este post describiremos brevemente las nuevas formas de ciberacoso, sus signos de alarma y diversas medidas de prevención.

Vivimos en la era 3.0 y nuestros hijos crecen rodeados de nuevas tecnologías con acceso a diversos recursos virtuales desde su primera infancia. Sin embargo no han recibido una formación de uso responsable ni estrategias de protección frente a las múltiples amenazas potenciales a las que se exponen, como el acceso a información inadecuada para la edad (pornografía, violencia), pérdida de privacidad, fraudes…

Aunque no es más frecuente que el acoso tradicional (cara a cara), sus consecuencias son mayores y tenemos la misión de dar difusión a su conocimiento, información y prevención.

Para comprenderlo, debemos conocer primero su “jerga” y definir algunos conceptos:
a.- TICs (Tecnologías de información y comunicación): son el conjunto de tecnologías que permiten acceder, producir, administrar y compartir información mediante diversos soportes tecnológicos como los ordenadores, tablets, móviles…etc, en diferentes códigos de texto, imagen o sonido.
b.- Ciberacoso: agresiones reiteradas mediante soportes electrónicos móviles o virtuales, con la finalidad de menoscabar su autoestima y dignidad personal y/o social, provocándole victimización psicológica, estrés emocional y rechazo social.
c.- Ciberbullying: es un tipo de ciberacoso en el que están implicados menores de edad similar, sin contenido sexual en el entorno de las TIC.
d.- Grooming: ciberacoso de contenido sexual implícito o explícito realizado por un ad alto sobre un menor con el objetivo de establecer una relación y control emocional sobre la víctima. Existe una variante con gran relevancia en la actualidad debido a los escándalos que han salido a la luz en la ultima semanas en el equipo de gimnasia de EEUU, que es el grooming en el ámbito deportivo.
e.- Sexting: envío de contenidos eróticos o pornográficos mediante teléfonos móviles, comúnmente utilizado entre jóvenes y adolescentes.

Como ya hemos dicho anteriormente, el Ciberbullying tiene una incidencia menor que el acoso tradicional pero sus consecuencias pueden ser mayores. Las principales diferencias radican en la facilidad que los acosadores encuentran en las nuevas tecnologías para mantener su anonimato y dar rienda suelta a una desinhibición virtual que en el cara a cara serían incapaces de desarrollar y que llega a una audiencia infinita. Las víctimas, a diferencia del bullying tradicional que termina cuando se van a sus casas, experimentan un sufrimiento continuo que daña progresivamente su autoestima y estado físico.

  • Signos de alarma: en las consultas de pediatría general y neuropediatría, debemos plantearnos siempre la posibilidad de ciber acoso o cualquier tipo de Bullying ante la presencia de sintomatología sugerente de somatizaciones por la historia clínica y exploración. Cefalea o Dolor abdominal recurrente y diario, diarrea inexplicable, insomnio, “Mareos” con características de mareo psicógeno, perdida de fuerza….etc
    También debemos investigarlo ante cambios en el estado de ánimo (cambios bruscos sin explicación, tristeza/apatía, indiferencia, respuestas agresivas…) o en los hábitos. Por ejemplo el aumento de absentismo escolar, disminución del rendimiento académico, cambio de amistades, aparición de fobias o miedos, dependencia patológica de los adultos o lesiones físicas inexplicables.
  • Medidas de Prevención:
    El pediatra debe estar alerta ante cualquiera de los signos de alarma explicados anteriormente.
    1.- Prevención primaria:
    Lo ideal sería prevenir para evitar que aparezca. Debemos detectar posibles riesgos y dar información a padres y niños acerca del adecuado uso de las nuevas tecnologías y sobre qué hacer en el caso de que ocurra algún problema.
    Es importante conocer el tiempo de uso que nuestros hijos hacen de las nuevas tecnologías, a que redes sociales pertenecen, quienes son sus “amigos virtuales” y a que se dedican…etc. También es importante saber desde que dispositivos tienen acceso a las TICS, si disponen de webcam, en que lugares se conectan…etc.
    Otra cosa importante es explicar los riesgos que hay en la red, incluidos la perdida de intimidad, los fraudes, el sexting, grooming…etc
    Por ultimo seria recomendable recibir cursos de formación para controlar la páginas a las que los menores tienen acceso.
    2.- Prevención secundaria:
    Una vez el daño ha comenzado, debemos identificarlo de forma temprana. Debemos incluir a nuestra práctica clínica diaria, preguntas que nos permitan valorar el entorno y la situación de nuestros pacientes en todos los ámbitos. Debemos alertarnos ante la presencia de cualquiera de los signos de alarma explicados anteriormente. Solo así, podremos evitar diagnósticos erróneos, exámenes complementarios innecesarios, costosos y lo más importante, intervenir en el problema a tiempo.
    Si tardamos en identificarlo, contribuiremos a que el daño se establezca y puedan generarse secuelas psicológicas permanentes, hasta un punto tal, que la víctima puede llegar a la convicción de que la situación que vive se la merece, es culpa de su forma de ser y puede desembocar en tragedia para el propio individuo (mayor idea de suicidio) o el resto de la sociedad.

Bibliografía

  • Salmeron Ruiz MA et al. Hablemos de…Ciberacoso y Adolescentes. An Pediatr Contin. 2014;12(5):269-73.
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