EPILEPSIA Y SU RELACIÓN CON LOS TRASTORNOS DEL APRENDIZAJE

En la pacientes que sufren epilepsia existe un riego mayor de trastornos del aprendizaje, que dificultan su desempeño escolar y deberían ser tenidos en cuenta.

En el entorno escolar, se estima que el 50% de los alumnos con epilepsia tienen dificultades escolares y el 30% de los casos farmacorresistentes requieren educación especial. Además, el 25% tiene trastornos específicos del aprendizaje, de los cuales la mitad presentan problemas madurativos. (Massimiliano Beghi y Cesare Maria Cornaggia, 2006).

En el post de esta semana, nuestra neuropsicóloga Patricia Rubio Fernandez nos introduce al tema y nos aporta algunas posibles soluciones.

Aunque se ha demostrado en varios estudios que la epilepsia va relacionada con dificultades en el funcionamiento académico, no puede asegurarse que se deba a que la actividad epiléptica genere daños orgánicos concretos a nivel cerebral, dado que estudios como el de Piccinelli et al (2008, 2010), no han encontrado correlación entre la presencia de lesiones y la aparición de dificultades concretas. De este modo, pude concluirse que las repercusiones de la Epilepsia en el rendimiento escolar responden a la interacción entre múltiples factores (como lo los psicosociales, relacionados con la presencia de ansiedad o depresión).

Aunque todas la dificultades que pueden presentar estos pacientes no se reducen únicamente al ámbito académico, es bastante útil conocer los signos de alarma que nos indican la necesidad de aportar cierto refuerzo o dar apoyo psicopedagógico a estos pacientes. Así, se podría solicitar la evaluación profesional con el fin de obtener orientación específica.

  1. ¿dónde puedo acudir?
    Lo más adecuado es buscar un centro de trabajo multidisciplinar entre logopedas y psicólogos si se observan problemas lingüísticos o una adquisición tardía en el lenguaje. Teniendo en cuenta que el trabajo habrá de ser continuado, tenga en cuenta que pueda desplazarse a éste sin grandes complicaciones.
  2. Preguntas y respuestas
    – ¿Puede una persona que sufre epilepsia aprender?: Determinantemente si. Evidentemente hay que individualizar los casos puesto que no todos los pacientes son iguales. Aquellos con epilepsias sintomáticas (lesionases) o genéticas (enfalopatías epilépticas de origen genético) pueden tener grandes dificultades, mientras que pacientes con epilepsias idiopáticas benignas pueden tener un rendimiento normal. Como norma general debemos pensar que todos los niños pueden aprender, quizás no al mismo ritmo ni con los materiales para enseñar distintas destrezas, pero en todos se puede aportar algo. Lo que si es importante es detectar precozmente las dificultades y las virtudes de cada niño y adaptarse a ellas. El cerebro infantil es flexible y todo aprendizaje puede potenciarse a través de sus puntos fuertes adaptando nuestras expectativas a su capacidad general.
  3. ¿Cómo puedo saber cuánto pedirle a mi hijo?
    Realizar una adecuada evaluación psicológica no significa someter a nuestro hijo a más etiquetas o mostrarle sus “defectos”. Nos permite tener una visión de sus capacidades, puntos débiles y fuertes, con el fin de potenciar y suplir las insuficiencias consiguiendo el máximo desarrollo vital. Por ejemplo, en el colegio, permitirá realizar las adaptaciones metodológicas y curriculares oportunas, consiguiendo un aprendizaje más personalizado y adecuado a las destrezas del niño. Así, si nuestro hijo resulta menos diestro en la habilidad lingüística respecto al plano no verbal, el aprendizaje escolar (tradicionalmente lingüístico) debería transmitirse en forma de esquemas, historias, viñetas, etc. De tal forma que pudiera conseguirse la fijación de nuevos contenidos mediante otras vías pero posibilitando un rendimiento académico como el de sus compañeros. En resumen, es importante saber cómo transmitir el contenido y para ello facilitar la adaptación académica por parte de los profesores, en caso de ser necesaria.
  4. ¿Puede la epilepsia afectar a su rendimiento?
    Como ya hemos comentado anteriormente, hay un conjunto de factores que influyen en las dificultades del niño para su desempeño escolar.
    El uso de fármacos es obligado e imprescindible en el control de las crisis, sin embargo no están exentos de efectos adversos. Actualmente los neuropediatras tienen en cuenta la frecuencia de los trastornos de aprendizaje o las dificultades de estos niños en determinadas áreas, y seleccionan el fármaco o los fármacos antiepilépticos de una manera racional, intentando respetar la calidad de vida de los niños e interfiriendo lo menos posible desde el punto de vista del rendimiento neurocognitivo.
    Todos estos efectos observados en el niño deben ser comentados con el médico quien sopesará la necesidad de cambiar de medicación. En caso de tener que convivir con alguno de estos signos, debemos ser conscientes de su influencia en el aprendizaje, pues la concentración es una característica imprescindible en la fijación de conocimientos. Dada la importancia de tomar medicación recetada para el control de las crisis, el conocer de qué forma pueda afectar de forma irremediable en su atención o fijación de contenidos en el ámbito escolar, nos sirve para identificar qué aspectos de su calificación académica, no dependen de la falta de implicación del niño, aceptando su condición y facilitando mayor paciencia en un proceso de aprendizaje algo más enlentecido.
  5. RECUROS: ¿Qué puedo hacer yo en casa? 
  • El aprendizaje depende de procesos básicos como la memoria, la atención y las estrategias empleadas, por lo que debemos entrenar estas capacidades adaptándonos a lo que funciona mejor para la persona en concreto.
  • En el caso de la memoria, se puede estimular mediante juegos de memorización, como encontrar la pareja con cartas boca abajo, o reteniendo cadenas de palabras cada vez más largas. Se pueden encontrar múltiples juegos en las bases online pero debemos ser muy críticos con la información de internet pues no siempre es la adecuada ni tampoco está ajustada al nivel y edad del niño, por lo que es más adecuado comprar juegos educativos (con cartas o tableros) que vayan recomendados a cada edad, en tienda física u on-line.
  • En cuanto a la concentración, es muy útil enseñar desde edades tempranas a controlar los propios impulsos, no dando recompensas inmediatamente sino habiendo esperado uno o dos minutos después de haberlo conseguido. El hacer unos minutos de relajación tumbado en una colchoneta con o sin música relajante, además de prevenir la ansiedad, enseña al niño la necesidad de permanecer quieto y lo gratificante de la experiencia a la larga. En un principio puede que le cueste aguantar menos de un minuto pero cuando comience a quejarse se le debe retener unos veinte segundos más y dejarle levantarse, ampliando progresivamente el tiempo que debe permanecer tumbado cada día, de forma que podamos obtener un total de quince minutos en completo estado de relajación.

Además para la concentración durante el estudio, es necesario que aprendan desde que empiezan a ir al colegio a trabajar sobre un escritorio limpio de otros materiales que no sean los que va a utilizar, que ordene las tareas que va a realizar antes de ponerse a estudiar y se haga la planificación de actividades a la semana (primero con el niño y luego él solo) con horarios que estén localizados en un lugar visible.

  • La motivación juega un papel ineludible en el desempeño académico por lo que siempre se ha de alentar en la realización de tareas, reconocer el esfuerzo, no tanto los resultados. De este modo, resulta mucho más útil en la obtención de progresos de forma estable, el premiar el esfuerzo y dedicación a estudiar y tratar de comprender la lección preguntando y mostrando interés, que premiar la calificación obtenida. Cuando se observe que no ha habido dedicación a la hora de estudiar, no debe recriminarse o señalar haber sacado una nota baja sino el no haber rendido lo suficiente los días previos a realizar el examen, de este modo, la responsabilidad no se le otorga a cómo hizo el examen sino al empeño que le ponga para superarse.”

Patricia Rubio Fernandez es neuropsicóloga colaboradora en la Unidad de Neuropediatría del H. Clínico San Carlos. 

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